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Apareció en los medios… luego existe.

La posmodernidad nos ha dejado un legado cultural muy interesante, un nuevo axioma cartesiano, “apareció en los medios, luego existe”. A partir de este principio moderno voy a tratar de desentrañar un fenómeno actual, casi inexplicable.

En estos últimos días se ha hablado mucho de las fiestas de egresados. A propósito de las mismas, empezaron a aparecer estadísticas, descripción de ritos, nos enteramos de los comas alcohólicos, de los trencitos de la alegría, etc.  

Bien, ¿cuándo terminen las fiestas el tema habrá acabado?. Esta pregunta  me lleva a hacerme otras: ¿cuándo empiezan y cuándo terminan los hechos que despiertan a la sociedad? ¿la reacción dura mientras el tema está en los medios, y luego qué?

A partir de estos hechos hay que sentarse a pensar, pero a pensar por uno.

Existe en la Argentina un problema muy grave que es el consumo de alcohol por parte de los jóvenes. Los chicos en la Argentina se emborrachan sistemáticamente más allá de las fiestas de egresados, lo hacen todos los fines de semana en capital federal o en el interior del país. Muchos jóvenes argentinos (no todos), nos están dando una señal a la que seguimos sin darle respuesta, muchos jóvenes no están bien.

Se habla de la exclusión social, se habla de la falta de proyectos, se habla de adicciones, se habla de violencia, se habla y se habla; sin embargo el único proyecto inclusivo para nuestros jóvenes parece ser el del alcohol, de la mano de la diversión. Hace muchos años que en este país los jóvenes sufren accidentes de autos, comas alcohólicos, conductas sexuales inconscientes y muertes absurdas, ¿hasta cuándo vamos a desatender estas señales?, quizás hasta que vuelva a aparecer en el diario o en la TV el próximo muerto. Allí seguramente volveremos a reflexionar, hasta que alguna novia de cantante pop nos relate sus desventuras sexuales y se apague el tema como el televisor. Y como siempre, hasta el próximo coma alcohólico televisivo o radial.

Lejos de mi intención está en estas líneas generar culpables, mucho menos buscarlos. Tampoco se trata, ni de estigmatizar a la juventud haciendo un discurso demagógico quitándole todo tipo de responsabilidades (los jóvenes de 16 y 17 años saben muy bien lo que hacen cuando se emborrachan), ni de demonizar a los adultos generadores de una sociedad sin esperanzas para los chicos. Cuando se trata de un fenómeno masivo como el que vivimos en la actualidad, las responsabilidades son compartidas por todos, ¿o acaso el raitng televisivo, lo forman extraterrestres?, todos formamos parte y es propio de la sociedades maduras asumir las responsabilidades, si realmente se quieren revertir conductas.

¿Somos una sociedad madura para hacernos cargo?.

Es imprescindible despertar a tiempo, y no despertar según los tiempos mediáticos. 

Gran parte de la juventud argentina se está equivocando y no toma conciencia de la gravedad que implica consumir la cantidad enorme de alcohol que hoy consume. Otra vez estamos inmersos en el peligroso túnel del corto plazo que no mide consecuencias, este no es un tema puntual, ni coyuntural, es un problema cultural y educativo que a mediano y largo plazo puede ser gravísimo si no buscamos soluciones.

Muchos jóvenes en la argentina hoy no están bien y mucho peor, no saben como salir de este circuito “tenés razón con lo que decís, pero el sábado me voy a volver a emborrachar”, a veces escucho esto en los talleres para chicos y no como signo de rebeldía sino como sumisión a un hábito que no pueden manejar, esto es grave, y se dice y se vive todos los días, aún fuera de cámara.

Es un acto de madurez social reconocer el problema y atacarlo desde todos los sectores (educación, familia, medios masivos de comunicación, empresarios, estado).

Es un acto de responsabilidad social educar a los niños con la capacidad de decidir por sí mismos, con valores que le den sentido a la vida y proyecto de futuro. 

Resulta necesario reaccionar frente a este síntoma que hoy manifiestan muchos jóvenes argentinos y que no puede depender de la validación oportuna que, la publicidad o la propaganda hagan de acuerdo a su agenda. Estamos frente a una situación real a la que hay que brindarle respuestas reales. Esas respuestas están en nuestra manos “ la profunda crisis de ejemplaridad que sufrimos no ha desterrado a los maestros, incluyendo entre ellos a los padres, que son quiénes tienen el deber de guiar…” nos dice con profunda razón el Dr Jaim Etcheverry. 

A veces frente a tanta tormenta parece que nos hemos olvidado que la educación de nuestros jóvenes, nuestros hijos, necesita de la presencia que vela permanentemente más allá de las noticias, como el faro que guía siempre a los barcos para que lleguen a destino y no pierdan su rumbo, a pesar de los pesares.

La tormenta va a seguir, lo sabemos, como también sabemos que allí donde las cámaras se apaguen, donde los micrófonos se callen seguirán los faros silenciosos, dando señales para que los barcos no se pierdan en la tormenta de la vida.

Dios quiera que la sociedad en su conjunto descubra su vocación de faro, frente a tantos barcos perdidos que hoy, buscan su destino. 

 

Adrián Dall’Asta

Director Ejecutivo

Fundación Proyecto Padres

 

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